Es ya un ritual cada vez que el titular del Ejecutivo presenta su informe de Gobierno, que los secretarios de despacho tengan que comparecer en el Congreso del Estado de Morelos, esta práctica no tiene nada que ver con cuestiones partidistas. Así lo han hecho los priistas, panistas, perredistas y los del PES, hoy lo hace también los morenistas.

Es parte del formato que se diseñó desde los años estelares del priismo, cuando gobernó siete décadas este país. Lo cuestionable no está en que comparezcan los responsables de las áreas de administración pública para que informen a los representantes populares, acerca de lo que ha hecho el gobierno durante un año.
En la actualidad ya es un formato añejo, que ya no tiene ninguna operatividad, por lo tanto, es obsoleto. Y para lo único que sirve es para cumplir con una disposición constitucional que, desde luego, le otorga un aspecto legal.
En ocasiones este tipo de espectáculo ha servido para lucimiento personal de algunos representantes populares al cuestionar de manera frenética a los funcionarios públicos, o bien, viceversa, los titulares de las áreas hacen gala de que están trabajando presentando números, datos, estadísticas de las acciones emprendidas.
En la práctica es notorio observar que son dos discursos distintos, la información que porta el funcionario y que pretende mostrar a los legisladores y, por otra parte, la intensión del legislador cuando de manera incisiva cuestiona y pregunta acerca de temas más de interés personal. No existe una coordinación y colaboración entre ambas partes para intercambiar información previamente y, de este modo se logre una congruencia, pero, además, no se contempla la posibilidad de llevar a cabo evaluaciones y darle seguimiento de las acciones del responsable de las áreas de la administración pública.
Es necesario modificar el formato para que el poder legislativo logre realizar la supervisión de las innovaciones, aportaciones y cambios en las acciones gubernamentales.
Son más las notas periodísticas, publicidad, difusión que realizan los medios de comunicación y las redes sociales en favor de las acciones, decisiones y trabajo del Ejecutivo. Que el papel de fiscalización que deberían de hacer los representantes populares, para dar cumplimiento lo que dicta la ley en materia de transparencia y el uso adecuado de los recursos públicos. Esta función es ignorada por completo por parte del poder legislativo.
En los hechos no solicitan auditorías, ni tampoco supervisan como se gastan los recursos públicos de parte de los responsables de la administración central y paraestatal. Una vez que termina el sexenio, el gobierno entrante es quien lleva a cabo las auditorias correspondientes y es cuando detectan que hubo desvíos y fuga de recursos. Pero que quede claro, es el Ejecutivo, quien activa esta disposición. El Legislativo no prevé, no materializa su función de fiscalizar.
Además, el procedimiento es tan trillado, que algunos legisladores prefieren mejor no acudir a las comparecencias, ese tiempo lo emplean para recorrer su distrito o de plano lo utilizan para vacacionar. Mientras que los titulares de las áreas correspondientes en la comparecencia tratan de demostrar que están realizando un gran esfuerzo, trabajando de manera ardua en beneficio del pueblo de Morelos. Para los representantes populares es una monotonía, es tiempo perdido, prefieren realizar otras actividades.
Lo alarmante es que la ciudadanía se queda con la información que escucha en la radio, ve en los videos, y lee en los periódicos relativo a las acciones que ha realizado el gobierno. Porque pensar que algún legislador o legisladora logre trasmitir a sus conciudadanos lo que ha hecho el gobierno estatal, es imposible, causa hasta risa el simple hecho de pensarlo.
La única comparecencia que se recuerda y que valió la pena, hasta este momento, fue la que se llevó a cabo con Ángel Colin López, secretario de Gobierno de Graco Luis Ramírez Abreu, un joven imberbe, encumbrado por el manto protector de su mentor. Cuando Graco Luis era senador de la República, Àngel Colin era el responsable de bajar recursos federales de SEDESOL, para favorecer a la comunidades y simpatizantes que más tarde apoyarían su candidatura al gobierno de Morelos.
El oriundo de Tabasco casi al final de su mandato, nombró a Colin, secretario de gobierno. Siendo este un profesionista sin reconocimiento en el gremio jurídico. Durante su comparecencia no quiso contestar preguntas incisivas de los representantes. Cansado de tantas impertinencias, lo que hizo fue, como comúnmente se dice: “mandarlos a freír espárragos”. Molesto, tomó sus papeles y se retiró del recinto parlamentario.
Las críticas no se hicieron esperar, los medios de comunicación registraron este hecho como un evento desafiante y desde luego, fue un hecho imp recedente. Hubo quien se atrevió a pensar que era necesario un extrañamiento al funcionario, por atreverse a abandonar la casa de pueblo. Otros solicitaban su renuncia. Pero no tuvo mayor alcance, ninguna de la profecía se cumplió, el único que podía tomar la decisión era el Ejecutivo. En ese caso el Legislativo tuvo que aguantar y pasar por alto el desprecio y arrogancia de un funcionario que se atrevió a desafiarlos. Este hecho simplemente fue una muestra de que las comparecencias en la actualidad ya son obsoletas y carentes de toda veracidad.

